La materia está compuesta de diminutas partículas. No las vemos a simple vista, pero están ahí. Existen. Los pixeles, por su parte, son la unidad básica de la imagen digital y hacen posible su existencia. Códigos binarios, algoritmos, interfaces, motores de búsquedas van definiendo nuestras relaciones con los datos. Lo intangible pareciera prevalecer y conectarnos con un mundo en el que algunos conceptos lucen caducos y otros, necesariamente, se transforman o ajustan.
La hipervisualidad, como consecuencia de la necesidad exagerada de registrar fotográficamente todo cuanto sucede, ha desplazado la contemplación. La urgencia de generar imágenes ha erosionado muchas de sus cualidades. El darwinismo tecnológico ha alcanzado a la fotografía, desafiándola a adaptarse para sobrevivir. Del ‘instante decisivo’ pasamos a la ‘decisión instantánea’. La inmediatez es la moneda de pago por la masificación de la imagen. “Hoy todos producimos imágenes espontáneamente como una forma natural de relacionarnos con los demás, la postfotografía se erige en un nuevo lenguaje”, afirma Joan Fontcuberta.
Es el lenguaje del cual parte Ricardo Arispe para construir, mediante capas de información, una obra que se vale de la apropiación, la intervención y la reinterpretación, en la que los bordes se desdibujan, la autoría se diluye y se opta por la ‘estética del acceso’, la creación colectiva y la interactividad propia del manifiesto postfotográfico que apunta, entre otros aspectos, a la deslegitimización de los discursos de originalidad y las tensiones entre lo público y lo privado. Un paisaje postapocalítico que, a la vez, es creación. Un caos que, sin dejar de serlo, dialoga con el futuro y abre posibilidades de reordenamiento con el fin de entender y presentar una visión que es la suma de otras miradas.
Valiéndose de múltiples recursos tecnológicos confronta lo palpable y lo virtual, no de manera dicotómica, sino, más bien, como piezas de un engranaje en el que la realidad supera la ficción y extiende invitaciones a hurgar, detenerse y observar para, finalmente, sobrevivir a pesar de la saturación visual y mostrar la imagen después de la imagen.
Johanna Pérez Daza
2020








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