En un espacio liso, los flujos de datos –identidades digitales, memorias colectivas, tendencias efímeras, estéticas híbridas– son deformaciones de antiguas estructuras sólidas: individualidad, memoria universal, estilos, gustos. Deleuze y Guattari hablan de «flujos mutantes» para referirse a aquello que escapa de los códigos y por ende de las normas donde habla una «forma adecuada». En ellos «se ocupa el espacio sin medirlo»8 , por eso conforman territorios donde habitan los nómadas o los muertos. Así ocurre con la serie Deconstrucción Salvaje (2019) del fotógrafo Vasco Szinetar. Retratos nómadas hechos a partir de otros retratos desmontados y arrugados luego de la exposición El ojo en vilo (2013). Las imágenes que cayeron de la pared, en forma de desecho, mutaron hacia diversas formas, otros significados y abrieron enigmas diferentes. A la suma de todo esto podríamos llamarlo: otras experiencias de la imagen. Para el curador Eric Del Búfalo, frente a ellas «estamos, pues, ante deconstrucciones intuitivas, azarosas, salvajes del lugar privilegiado que ocupa el rostro en la fotografía»9 . La mirada del artista contemporáneo nunca está detenida en una forma. Su labor es incitar el colapso de algo que intentó detenerse en una estructura estable, socavar el gusto moderno por la permanencia.
«Venirse a menos», «irse destruyendo» son efectos inherentes a quien está detenido. La velocidad del desplome –lenta o rápida– no es fundamental. Lo importante, en verdad, es que cuando algo colapsa y cae es porque la cohesión de su cuerpo –o de su espíritu– ya no soporta la presión de las fuerzas del presente. Unas energías extrañas lo estremecen y le hacen ceder. Esas fuerzas le rebelan al cuerpo la debilidad de lo ya dicho, lo imposible de sostener un discurso pronunciado previamente. También, le muestran que el futuro es contrario a la idea de evolucionar a través de una misma línea, de una acción consecutiva. Todo «después» es una deformación.
Un espacio ocupado por nómadas o muertos suele tener forma laberíntica. Así ocurre con los inframundos, desde la mitología antigua hasta el videogame. También con los tránsitos de grupos humanos desde los relatos bíblicos hasta los desplazados de nuestro tiempo. Sin embargo, referirse a su forma es una paradoja pues en ellos ésta siempre se pierde. El constante cambio de dirección y el carácter indiferenciado de su ambiente liso contribuyen a mantener el desplazamiento y no la estructura. También, exigen un gasto de energía que no concluye en una obra o producto. La experiencia en el laberinto, el proceso vivido, no tiene cierres sino aperturas. Incluso las trampas son pruebas para la transformación. Esto nos habla de movimientos, gestos y sonidos cuyo destino no es quedar congelados en el tiempo o petrificados en el espacio sino volver al gasto energético, a la pericia del tránsito y al continuar hacia otras estructuras complejas. Cada apertura que ahí ocurre es una transformación dada en el mismo campo de energía. Quizá unos cambios son propios de lo nómada y otros de la muerte, aunque una cosa y otra puedan al final ser equivalentes. Los dos laberintos del cuento de Borges nos ofrecen la clave de ello. En él, la obra diseñada por el rey de Babilonia tenía entrada y salida, la muerte era casi segura pero sobrevivir era aún una posibilidad. El rey de Arabia, sobreviviente en Babilonia, no tenía en su país alguna obra donde condenar a su enemigo. Pero, en su lugar, Dios le había dado la infinitud de un desierto donde «no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso» 10. En esa extensión interminable murió el rey de Babilonia.
El poeta Antonin Artaud, en una carta a Jacques Rivière, explica que si hay algo disperso en sus poemas o si dan la impresión de estar llenos de defectos formales, no debe atribuirse esto al desconocimiento, a la incapacidad para manejar las normas o a un vacío en su desarrollo intelectual. Se trata de un «colapso central del alma» 11, una «erosión a la vez esencial y fugaz» del pensamiento. Él explica al editor que hay algo en su proceso, un colapso furtivo, que va destruyendo el cuerpo del pensamiento. La imagen propuesta por el poeta alude al desmoronamiento del cuerpo central, a la demolición del pensar para dar paso a la aparición de lo poético. Lo que él llama un «fenómeno mental» alude a la deformación de las normas de composición, de los conceptos y las estructuras lingüísticas. El pensar, entonces, deviene en un ejercicio poético guiado por un impulso que le hace pasar «por todas las etapas, todas las bifurcaciones del pensamiento y de la forma» como si fuese el tránsito de su laberinto interior. Se trata de un flujo nómada, incomprensible para quien persigue las medidas de orientación habituales del espacio. Para ese a quien le corresponde habitar el laberinto desde la muerte, ser el rey de Babilonia.
Ricardo Arispe, artista digital venezolano, elabora en sus obras siguiendo una poética del colapso y la consecuente desorientación. Desde su fotolibro Chernobyl, él ha rastreado, al menos, dos conflictos actuales: la erosión de la realidad y la descentralización de la figura humana. Lo ha hecho subvirtiendo el orden de su propio universo creativo y conceptual, despojándolo de las categorías habituales: arte digital, escultura, fotografía, arte urbano y videoarte. De ahí que todas sus propuestas asoman sin escrúpulos la siguiente pregunta: ¿acaso estos términos aún son capaces de hablarnos sin balbucear? Con todo, su discurso creativo mantiene la coherencia justo en el lugar donde el mundo y los procesos técnicos comienzan a perderla: en los fragmentos, los residuos, los detritos del presente a quienes se les ha dado el nombre de post-verdad, fake news, infoxicación, utopías, distopías, pandemias e infodemias entre otros. También, en los paisajes contaminados y los cuerpos híbridos que emergen de ellos.
La tecnología en las obras de este artista va más allá del uso de aplicaciones y técnicas para lograr objetivos. Bien se trate de procesos digitales o analógicos – él pasa de unos a otros sin problema– esa poética del colapso fusiona bytes y átomos, algoritmos genéticos y conductas sociales, avatares y máscaras en un mismo estado real de la imaginación. ¿Qué quiere decir esto? Que al aceptar la condición nómada de la existencia actual también incorporamos el colapso a nuestra experiencia de vida. Hoy las imágenes provocan un cierto campo de energía caótica y nos incluyen en ella. El arte es un generador sublime de estos campos donde la división entre realidad y ficción es desestimada. Donde el proceso de ser humano no puede separarse de la ilusión de vivir como robots, pertenecer a otras especies, cambiar aleatoriamente de tiempos o integrar múltiples formas de placer y dolor en una misma experiencia.
El trabajo de Arispe está en la corriente «post-media» pues su magia y su Eros postdigital no están en el uso de los artefactos o sistemas inteligentes (AI), sino en los vínculos misteriosos del alma humana con los procesos tecnológicos. Sus Intervenciones Urbanas y sus #Fragmentos están hechos de sinapsis misteriosas. Esos enlaces energéticos aparecen una vez que él ha erosionado los lugares referenciales –Chernobyl o Caracas, dos ciudades en colapso– o hecho desaparecer el cuerpo moderno con sus medidas y proporciones. Estos trabajos y las múltiples propuestas derivadas de ellos han olvidado los objetos. Ahí lo importante es la performance entre inteligencia artificial e inteligencia humana –¿hiper-inteligencia?– cuyo efecto demoledor del presente es una fuerza cósmica que aumenta, re-mezcla (remix) y sacude la realidad para provocar el colapso de lo central. Y una vez logrado este propósito continuar el proceso indetenible del hacer, tal como lo expone Artaud: «I have no immediate or petty purpose in mind. I want only to settle a burning problem»12 .
Humberto Valdivieso
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Filosofía, arte y tecnología en la cultura digital
2021
7 Cfr. Eduardo Kac, Telepresencia y bioarte. Interconexión en red entre humanos, robots y conejos (Murcia: CENDEAC, 2010).
8 Cfr. Deleuze y Guattari, Mil mesetas.
9 Eric del Búfalo, «Vasco Szinetar / Deconstrucción salvaje», Tráfico visual, recuperado: julio 22, 2021, https://traficovisual.com/2019/06/20/vasco-szinetar-deconstruccion-salvaje/
10 Jorge Luis Borges, Obras completas (Buenos Aires: Emecé, 1974).
11 Antonin Artaud, Antonin Artaud Selected Writings (New York: Farrar, Straus and Giroux, 1976), 34
12 Artaud, Antonin Artaud Anthology, 8.








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