¿Qué es la realidad? 02. Por Humberto Valdivieso

Autor(a): Humberto Valdivieso.
Año: 2020

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Podemos afirmar sin reparo que estamos en una era de desmoronamientos. Idea esta particularmente apropiada para un año donde hemos visto desprenderse de nuestra experiencia las ilusiones que nos hacían creer en la posibilidad de refugios y territorios “seguros”. Cuando esa realidad comenzó a “deshacerse” adquirimos una relación particular con el tiempo: dejamos de transitar a través de él buscando el futuro. Ahora habitamos, con cierta desorientación, la inmensidad del presente. “Venirse a menos”, “irse destruyendo” son efectos inherentes a quien está detenido. La velocidad del desplome ⎯lenta o rápida⎯ no es fundamental. Lo importante, en verdad, es que cuando algo colapsa y se viene abajo es porque la cohesión de su cuerpo ⎯o de su espíritu⎯ ya no soporta la presión de las fuerzas del presente. Unas energías extrañas lo estremecen y le hacen ceder.
El poeta Antonin Artaud, en una carta a Jacques Rivière, explica que si hay algo disperso o inconsistente en sus poemas no tiene relación con la falta de práctica o desconocimiento técnico sino con el “colapso central de la mente”, debido a “una especie de erosión, tanto esencial como fugaz” de su pensamiento. Asimismo, nuestro mundo no carece de técnicas y conocimientos avanzados, pero la crisis de las ideas modernas lo está desmoronando. Y ese deshacerse a pedazos supone a la vez su decadencia y su aurora. Semejante paradoja ocurre pues es justo entre los escombros donde aparece el encanto del alma contemporánea siempre “a la deriva”, del Eros nómada postdigital.

Ricardo Arispe en sus obras elabora una poética de esos colapsos y su consecuente desorientación. Desde el fotolibro Chernobyl ha rastreado, al menos, dos conflictos actuales: la erosión de la realidad y la descentralización de la figura humana. Lo ha hecho subvirtiendo el orden de su propio universo creativo y conceptual, despojándolo de las categorías habituales: arte digital, escultura, fotografía, arte urbano y videoarte. De ahí que todas sus propuestas asoman sin escrúpulos la siguiente pregunta: ¿acaso estos términos aún son capaces de hablarnos sin balbucear? Con todo, su discurso creativo mantiene la coherencia justo en el lugar donde el mundo y los procesos técnicos comienzan a perderla: en los fragmentos, los residuos, los detritos del presente a quienes se les ha dado el nombre de post-verdad, fake news, infoxicación, utopías, distopías, pandemias e infodemias entre otros. También, en los paisajes contaminados y los cuerpos híbridos que emergen de ellos.

La tecnología en las obras de este artista va más allá del uso de aplicaciones y técnicas para lograr objetivos. Bien se trate de procesos digitales o analógicos ⎯él pasa de unos a otros sin problema⎯ esa poética del colapso fusiona bytes y átomos, algoritmos genéticos y conductas sociales, avatares y máscaras en un mismo estado real de la imaginación. ¿Qué quiere decir esto? Que al aceptar la condición nómada de la existencia actual también incorporamos el colapso a nuestra experiencia de vida. Hoy las imágenes generan un cierto campo de energía caótica y nos incluyen en ella. El arte es un generador sublime de estos campos donde la división entre realidad y ficción es desestimada. Donde el proceso de ser humano no puede separarse de la ilusión de vivir como robots, pertenecer a otras especies, cambiar aleatoriamente de tiempos o integrar múltiples formas de placer y dolor en una misma experiencia.

El trabajo de este creador está en la corriente “post-media”, pues su magia y su Eros postdigital no están en el uso de los artefactos o sistemas inteligentes (AI), sino en los vínculos misteriosos del alma humana con los procesos tecnológicos. Las Intervenciones Urbanas y los #Fragmentos están hechos de sinapsis misteriosas. Esos enlaces energéticos aparecen una vez que él ha erosionado los lugares referenciales ⎯Chernobyl o Caracas, dos ciudades en colapso⎯ o hecho desaparecer el cuerpo moderno con sus medidas y proporciones.
Estos trabajos y las múltiples propuestas derivadas de ellos han olvidado el antiguo valor de los objetos. Ahí lo importante, como corresponde al arte emergente de esta década que comienza, es la performance entre inteligencia artificial e inteligencia humana ⎯¿hiper-inteligencia?⎯ cuyo efecto demoledor del presente es una fuerza cósmica que aumenta, re-mezcla (remix) y sacude la realidad para provocar el colapso de lo central. Y una vez logrado este propósito continuar el proceso indetenible del hacer, tal como lo expone Artaud: “I have no immediate or petty purpose in mind. I want only to settle a burning problem”.

Humberto Valdivieso
2020

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